
Hace tiempo, casi tres años, que espero ver un cambio, un pequeño síntoma de que la cosa puede volver a ser como antes, una imagen, un par de genialidades útiles, un… pero la verdad es que cada día que pasa lo veo más difícil y mi ilusión va cayendo a marchas forzadas.
Uno puede pecar de incrédulo y creerse lo que otros dicen o pregonan, pero cuando uno lo ve con sus propios ojos, por muchos cuentos que le hayan contada, sabe reconocer la cruda realidad.
Empezó la temporada y tras un mal inicio, tanto del equipo como de él, los goles y las asistencias empezaron a aparecer y las portadas de los diarios no tardaron en anunciarlo a bombo y platillo: ¡el crack ha vuelto!, ¡vuelve a ser el de hace tres temporadas!, ¡será el salvador del equipo!... pero un humilde enamorado del fútbol, como muchísimos más, tuvo la oportunidad de verle en acción y no podía entender esas frases y afirmaciones. ¿Marcaba goles? Yo pensaba, si ¿Daba asistencias? también, pero a veces se debe mirar detrás de la cámara y ver lo que realmente pasa.
Lentitud de movimientos, desborde olvidado, sólo pases, poca verticalidad, velocidad de anciano, nula participación en defensa, exceso de protagonismo, algún gol de jugada parada… esto era lo que yo podía observar. Aún no me hago la idea de como puede cambiar tanto una cosa en tan poco tiempo. Pasar de ser el mejor, con mucha diferencia, a ser uno más, del montón, que sólo sirves para vender camisetas, dar algún pase, hacer alguna filigrana y lanzar penaltis.
¿Qué ha pasado? ¿Le han lanzada un hechizo? ¿Le han cambiado? ¿Se ha dejado mal influenciar por el entorno? ¿Se le han subido los humos a la cabeza? ¿Se cree que será siempre el mejor sin entrenar? ¿Es viejo? Esto no ¿Antes no era tan bueno como creíamos? Esto tampoco, era el mejor. Cuando uno se hace tantas preguntas es porque algo va mal y este es nuestro caso.
Podía haber escrito su historia con letras de oro y ser recordado para siempre como el mejor, bueno por lo menos tener el derecho de sentarse al lado de los más grandes: Maradona, Pele, Di Stefano…, pero el oro le nublo los ojos antes de escribir y su historia ya nunca podrá ser acabada.
Cuando él llegó, a la que siempre será su verdadera casa, las cosas estaban muy difíciles y el futuro era muy incierto, pero su calidad, su orgullo, su velocidad, sus genialidades, su ganas, sus goles, su ilusión, su… hicieron que todo cambiara muy rápidamente, para bien. Las alegrías duraron tres años. Durante este tiempo los títulos, tanto individuales como colectivos, caían como churros y los excesos, que también había, no eran una preocupación, pero tras el verano todo cambió. Lo que era velocidad se transformaba en lentitud, lo que era alegría se transformaba en pesimismo y desanimo, lo que eran goles se transformaban en lo mismo esto en un principio no cambió, lo que eran juergas sin importancia se transformaban en escándalos, lo que era un día sin entrenar se transformaba en varios días sin hacer nada, lo que eran…
Al final todo terminó de la peor forma: divorcio con sus queridos y adiós, por la puerta de atrás. Todo el trabajo hecho durante varios años lanzado por la borda por no querer darse cuenta que en el fútbol moderno uno no puede vivir del pasado y creerse ser el mejor sin demostrarlo cada semana dentro del terreno de juego. Hace un par de décadas con hacer goles en los partidos importantes, con demostrar que eras un genio del balón en los calentamientos y con marcar y ganar algún mundial ya se entraba a los altares del fútbol, pero estos tiempos, por suerte, ya son pasado y el pasado “no sirve”, lo que vale es el presente y en el fútbol más. En la actualidad todo el mundo mira, cada semana, tus partidos y estás en continuo examen. Ya no sirve sólo jugar bien y poner ganas delante de tu afición, antes en los partidos como visitante “nadie” te podía ver por lo que uno podía hacer el reservón sin que “pasara nada”, ahora como no juegues al 100% quedas retrato al instante. Tampoco sirve sólo guardarse para las finales, ahora todos los equipos están muy bien preparados y un equipo, por muy bueno que sea, no puede permitirse el lujo de jugar con 10 por el capricho de su estrella. Conclusión: en el fútbol del siglo XXI se tiene que demostrar y ser el mejor en “todos” los partidos, uno no puede relajarse lo más mínimo porque sino se le suben a las barbas en menos de que canta un gallo.
El fútbol ha cambiado y tú no te has dado cuenta, sigues a tu rollo. Juegas sólo para la galería y sólo sirves para los videojuegos. Suena cruel, pero es la realidad. Se te ha pasado el arroz y creo que no hay remedio. Eras el mejor y hubieras podido entrar, por méritos propios, en la historia del balompié, pero no terminaste de entender lo que te llevó a lo más alto y esto te ha hecho caer en la miseria, futbolística.
Suerte en el futuro, en el aspecto económico se que no la necesitarás, pero en el futbolístico si. Ah! y por mucho que mañana digan que hoy has hecho un buen partido y que tu calidad sigue intacta, a mí no me engañan: ¡Ronaldinho, sólo eres un jugador de Play!