
Hasta el martes la medida “diez minutos” marcaba el estándar de lo que va a suceder en un instante. Cuantas veces no habremos dicho eso de “ya llego, en diez minutos estoy allí” o eso de “hago un recado y en diez minutos vuelvo”. Esos 600 segundos, despreciados por lo general, supusieron una especie de elogio a la locura en el Bernabéu, una película de ciencia ficción imposible de idear previamente por una mente humana.
El Madrid pasó de ver como la liga se escapaba hasta en dos ocasiones a acariciarla con los dedos merced a una remontada que vale más de tres puntos por el alivio psicológico y la sensación de invencibilidad que da al equipo, un equipo que pase lo que pase, haga frío o calor, jugando mal u horriblemente mal, acaba ganando.
Porque en el Concha Espina el fútbol brilló por su ausencia los primeros ochenta minutos, con un Madrid desdibujado jugando peor que nunca, incapaz de enganchar cuatro pases seguidos y superado en todas las facetas del juego por los azulones.
En el segundo la cosa no mejoró, es más, tuvo mucha peor pinta tras el segundo tanto del Getafe, momento en el que la gente empezó a emigrar y con ellos las escasas ilusiones que les quedaban de alzarse con la liga. Ahí empezó todo.
Guti lanzaba la falta de su vida y daba un hálito de esperanza al equipo, que creía que aún podía llevarse los tres puntos apoyados por la afición. Y en ese correcalles llegamos al momento clave del encuentro, al “minuto de oro”.
Lo de Pepe no tiene nombre ni explicación, si acaso la de una especie de posesión satánica momentánea motivo de la frustración. El portugués veía como su error alejaba la Liga definitivamente del territorio blanco y lo pagó con lo primero que encontró. No cabe duda que si hubiera sido una valla la hubiera reventado pero resultó ser el pobre Casquero, Albín, el cuarto árbitro y el linier. Siempre he considerado que su comportamiento tanto dentro como fuera del campo ha sido exquisito pero eso no debe ser óbice para que no sea sancionado con dureza. Errores los cometemos todo y lo maduro es afrontarlos. Pepe tendrá mucho tiempo, todo un verano, para reflexionar sobre lo de ayer y estoy seguro que nunca volverá a suceder nada semejante. Asimismo espero que no se le demonice y pase a considerarse una especie de carnicero sin escrúpulos, un ogro que se come tres niños cada noche según la leyenda. Merece una segunda oportunidad.
Volviendo a la película de los hechos, Casquero quiso rizar el rizo y cometió un fallo garrafal. Se que visto desde fuera se pueden decir muchas cosas que si yo lo hubiera lanzado a la izquierda, que si hay que tirar a romper… pero estoy seguro de que si a alguno se nos plantea una situación como ayer nunca hubiéramos ejecutado la pena máxima a lo Panenka. Es elogiable que el jugador crea mucho en sí mismo pero hasta en un penalti, y más siendo veterano, hay que tener cabeza. Querer pasar a la historia haciéndolo bonito, al final, puede salir caro.
Después del shock vino la contrarréplica e Higuaín, recurriendo a la flor blanca, marcaba el 3-2 haciendo bueno el dicho de que a los grandes, si se les perdona, se paga. Aunque con esto acaben los diez minutos prolongaré el resumen cinco más ya que no quiero pasar por alto en este resumen la actitud de Marcelo al final del choque, tan vilipendiable como la de Pepe. Un equipo, sea el que sea debe saber ganar, como lo hizo el Getafe en la ida. La tensión no justifica los comportamientos cavernícolas.
By: Carlos Mateos
Mañana viernes en el blog de Carlos Mateos (De Paradinha) se publicará una entrevista con Gokhan Unal, delantero del Trabzonspor e internacional con Turquía.
El Madrid pasó de ver como la liga se escapaba hasta en dos ocasiones a acariciarla con los dedos merced a una remontada que vale más de tres puntos por el alivio psicológico y la sensación de invencibilidad que da al equipo, un equipo que pase lo que pase, haga frío o calor, jugando mal u horriblemente mal, acaba ganando.
Porque en el Concha Espina el fútbol brilló por su ausencia los primeros ochenta minutos, con un Madrid desdibujado jugando peor que nunca, incapaz de enganchar cuatro pases seguidos y superado en todas las facetas del juego por los azulones.
En el segundo la cosa no mejoró, es más, tuvo mucha peor pinta tras el segundo tanto del Getafe, momento en el que la gente empezó a emigrar y con ellos las escasas ilusiones que les quedaban de alzarse con la liga. Ahí empezó todo.
Guti lanzaba la falta de su vida y daba un hálito de esperanza al equipo, que creía que aún podía llevarse los tres puntos apoyados por la afición. Y en ese correcalles llegamos al momento clave del encuentro, al “minuto de oro”.
Lo de Pepe no tiene nombre ni explicación, si acaso la de una especie de posesión satánica momentánea motivo de la frustración. El portugués veía como su error alejaba la Liga definitivamente del territorio blanco y lo pagó con lo primero que encontró. No cabe duda que si hubiera sido una valla la hubiera reventado pero resultó ser el pobre Casquero, Albín, el cuarto árbitro y el linier. Siempre he considerado que su comportamiento tanto dentro como fuera del campo ha sido exquisito pero eso no debe ser óbice para que no sea sancionado con dureza. Errores los cometemos todo y lo maduro es afrontarlos. Pepe tendrá mucho tiempo, todo un verano, para reflexionar sobre lo de ayer y estoy seguro que nunca volverá a suceder nada semejante. Asimismo espero que no se le demonice y pase a considerarse una especie de carnicero sin escrúpulos, un ogro que se come tres niños cada noche según la leyenda. Merece una segunda oportunidad.
Volviendo a la película de los hechos, Casquero quiso rizar el rizo y cometió un fallo garrafal. Se que visto desde fuera se pueden decir muchas cosas que si yo lo hubiera lanzado a la izquierda, que si hay que tirar a romper… pero estoy seguro de que si a alguno se nos plantea una situación como ayer nunca hubiéramos ejecutado la pena máxima a lo Panenka. Es elogiable que el jugador crea mucho en sí mismo pero hasta en un penalti, y más siendo veterano, hay que tener cabeza. Querer pasar a la historia haciéndolo bonito, al final, puede salir caro.
Después del shock vino la contrarréplica e Higuaín, recurriendo a la flor blanca, marcaba el 3-2 haciendo bueno el dicho de que a los grandes, si se les perdona, se paga. Aunque con esto acaben los diez minutos prolongaré el resumen cinco más ya que no quiero pasar por alto en este resumen la actitud de Marcelo al final del choque, tan vilipendiable como la de Pepe. Un equipo, sea el que sea debe saber ganar, como lo hizo el Getafe en la ida. La tensión no justifica los comportamientos cavernícolas.
By: Carlos Mateos
Mañana viernes en el blog de Carlos Mateos (De Paradinha) se publicará una entrevista con Gokhan Unal, delantero del Trabzonspor e internacional con Turquía.